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12/28/2011

Escribo la vida

De repente,
no puedo decir
que haya escrito
cuanto quisiera
haber escrito
en un día de luz
como el de hoy.
Jamás he visto
la distancia
quebrar la línea
del ser,
la fuerza visible
que mis labios
no silencian.
Desde luego,
la sombra
de mis zapatos
caminan
hacia las hojas
desiertas;
la madreselva
florece y suelta
un sinfín
de nostalgias
y las expresa
en el sitio
en donde suele
surgir el abrazo.
¿Cuántas
palabras viste,
mi trillo amargo,
cuántas veces
han sido alas
y piernas
para descansar
la vida?
Escribo mi sol,
y para mí
es un letargo
que acaricia
la plena llegada
del ocaso.
© Copyright/USA
Prohibida la Reproducción total o parcial,
por cualquier medio, sin la autorización de la autora.
ISBN 1-933439-04-4

12/22/2011

Pero todo florece...

Una
buena época,
la enorme soledad* el verso
  como alimento* la respiración
a modo de sustento en este día claro
de fresca y sana Navidad.
 Ya nada *
se dibuja en el horizonte*
pero todo florece*  todo se ilumina
*como el árbol genealógico de tantas vidas
enlazadas a mi tiempo* al traje de las flores y la vid
que sostengo en los clamores y dolores de la Natividad*
Una
   magnifica época surgida  de los paraísos eternos
la inmensa coincidencia de buena voluntad* de simpatía
 multiplicada* engendrada por sí misma en la  nieve oscura *
** creada en la blancura pura de los aires*  el amor y la felicidad. **
País celestial,
eternidades
y esperanza.
FELIZ NAVIDAD

A todos aquellos amigos que me visitan: gracias. Gracias porque son parte de mi vida y los aprecio.
Un saludo cordial y amable a ustedes, a todos los lectores que me dejan sus mensajes rebozados de cortesía y pensamientos todas las semanas.
Lo bueno de la Pascua, es que deseamos lo mejor, y lo mejor es siempre, siempre bueno y clemente.    Feliz Navidad a ustedes, a quienes no conozco, pero sé me aprecian y me leen.
Un ferviente abrazo navideño, pues, y que Dios los bendiga a todos. Que siempre viva en ustedes
la luz de la esperanza.
                                                                                                                            —María del Mar

12/20/2011

Lo eterno y lo suficiente


Lo eterno y lo suficiente

Alguien me dijo un día:
“Te deseo lo suficiente”
Pero...¿Qué es suficiente
a los ojos de la gente?
Suficiente puede ser mucho
o puede ser poco, depende
de cómo se identifique
la increíble palabra.

“Te deseo lo suficiente”
¿quiere decir: “bastante”,
“sobrado” “repleto” “todo”
“abundante”…? ¿de qué?
Eterno puede ser todo
o ¿lo es? ¿Es todo eterno
  y suficiente en la vida?

Nada pasajero puede ser
inmortal y nada temporal
puede ser duradero…

Entonces si lo suficiente
fuese eterno y lo eterno
fuese suficiente, no estaría
tratando de indagar entre
lo suficiente y lo eterno.

He llegado a la conclusión
de que ya nada es eterno
y nada es suficiente.


 
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Prohibida la Reproducción total o parcial,
por cualquier medio, sin la autorización de la autora.
ISBN 1-933439-04-4

12/10/2011

No sabría decirte

No sabría decirte si temprano
salen a vagabundear  las almas
o si de pronto rosan la punta
del olvido; mis prendas vuelven
a ser trapos e hilos cuando veo
la inmensidad irse de mí
Tú revives mi vida, tú siembras
el germen de las piedras,
de la frescura aumentas la vid
que cae, desprevenidamente,
sobre el borde del nacimiento
y duermo en tus alas.
No sabría decirte si de sombra
se enciende una vela o se oyen
los cantos, de terrible renuncia,
viendo cómo germinan de ti
los ríos, y revientan los versos
inspirados de ausencia; de tus
labios en los míos la  sed eterna
del silencio.
No, no sabría qué expresarte
en esta equivocación del aire
consagrada a quererte, amor,
remota de mí, distante, lejana
como las lluvias de invierno.

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ISBN 1-933439-04-4

12/05/2011

Y permanezco...

Y permanezco...

Me espera el día de hoy
—mañana, no sé si será
muy tarde para pensar
de nuevo—.
Pero hoy, todo es bueno,
hoy vivo todavía el día
y no he muerto.
Hoy sueño y aún no sé
si vendrá una novedad
y río —ahora río—luego
viajaré en el tiempo
y permanezco...
Permanezco en ese estar
casi invisible y me diluyo
como el viento —es mejor
estar así, se sufre menos
y se alarga la vida—
salvo a que paso a ser
una sombra y lo prefiero.
Siempre en movimiento
crezco, recorro la vida,
la siento morar dentro
de mi desvelo.
¿Qué las horas son días
y edad? lo sé, mas ya no
pienso, la mera eternidad
me dirá lo cierto.
Sólo memorizo el amor,
y desde los siglos despierto,
imagino, descubro, canto
y expreso, declaro, cuento
y no pierdo la memoria.
Me queda el día de hoy
para amar —mañana no sé
si será muy tarde o nunca
para pensar de nuevo—.

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11/26/2011

Las calles de la Habana


Sale el sol y ¿qué pasa
al otro día o mañana
en las calles solitarias
de la Habana?
Pasan los tranvías, sí,
pasan por mi senda
angosta la vida,
pasa el sonámbulo
por la puerta y silencia;
la tierra salta o se oculta
sin dejar de ser huella,
en el sitio vacío y cruel
de los dioses.

Nada se queda inmóvil
ni la piedra que clava
un joven en sus manos
mugrientas…
Nada y todo inquieta
mi vista, mas se cuida una
del murmullo de las calles;
mi sombra se enjaula
en la maleza, escuchando
el ruido del mar invisible,
lento, súbito frente al reír
discreto de mis pisadas.

Despiertan y saludan
las margaritas de la tierra,
surge la garza de su nido
de plata y queda en vela;
su dormir sobre el árbol
de seda brota y espera
a que pasen las jornadas
de hambre y perduren
los hijos de la esperanza.

Alguien me pregunta
qué ha sido de mi danza
y de todo lo mío por pasar,
del éxodo por regresar,
del retorno o la vuelta
del otoño encapotado
de mi noche;
del instante sin nombre,
traspapelado en mi archivo
sin luz, de tantos vestigios
idos, de algún pedazo
de mi huyendo las calles
de la Habana.
       
            © Copyright/USA
                 Prohibida la Reproducción total o parcial,
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11/19/2011

Te llevo en mi ternura

"Te llevo en mi ternura"
Porque te llevo en mi ternura
pienso en los días que anduvimos
de la mano, viéndonos enamorados
por aquella carretera solitaria
del ayer.

Tú y yo, y nadie más, quién sabe,
si tal vez los árboles nos vieron
abrazados en medio del dolor
ingrato y la imposibilidad...

Porque te llevo en mi ternura,
dulce amado, pienso en la efusión
de tu abrazo, la intensidad de ti,
de tu mirada y el calor de tu rostro
en la sombra del adiós.

Porque te llevo en mi ternura,
te recuerdo en mi embeleso y,
estando dormida, tu alma me acuna
en un arrimo de besos, imperceptibles,
sagrados como la antigua cenefa
vedada y fiel de mi universo.

Porque te llevo en mi ternura,
una sola mirada tuya me inquieta,
me conmueve, me tiembla, me rodea
del fruto que germina de la madura
cosecha que difundo en la quietud.

Y porque te llevo en mi ternura,
daría lo imposible, la juventud,
lo grato, por hacer permisible verte,
abrazarte y decirte que has sido
mi esencia durante tantos siglos
y años, fechas y tiempos, épocas
y glorias, ciclos y trechos…
porque te he llevado, siempre,
siempre en mi memoria.

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ISBN 1-933439-04-4

11/12/2011

Fuera del tiempo



¿Qué podré decir después de tanto tiempo?
Casi nada o todo. Un siglo sin voz…más bien
helada, sellada al viento,  libre de palabras,
disfrazada entre las vértices de los espíritus
y las tempestades.
Cuanto por contar, cuantas nuevas rutinas
aparecerán en mis afanes ¡emociones presas
en mi mente! hábitos olvidados, costumbres
tardas, afectos imposibles halando mi pecho.
Cuanta muerte depositada en mi cuerpo,
cuanta vida sin vivir, eternos pensamientos
danzando en el mismo lugar, sin pretextos,
sin saludos para congratular el amor.
Volver con todos mis brazos, cuando no hay
brazos para ceñir los sueños o la felicidad,
sin que tenga que pedir permiso a los muertos
o a los ciegos hallados en las filas del dolor
o en los secretos del universo.
¿Qué podré decir después de tanto tiempo
sin pasear la calle? tantos lapsos soñolientos,
tantos cansancios horneados en los versos,
lentos al talle, anchos en las caderas, inútiles
de aguardar mi regazo como en los cuentos.
Cuantos soles sin alumbrar mi huerto, muchas
lunas sin imaginar, lejanos caminos por volver,
eternos lugares por presentir, algunos a leer
o escribir en mis ternuras.
¿Qué habré de expresar, qué pronunciaré
en este instante sin espacio o en el versículo
prorrumpido, dentro del salmo nunca leído
durante el receso?

Ay, me encanta volver a mis huesos, verlos
bailar en cada estación, en cada amanecer
cuando siento la brisa acariciar mis antiguas
estancias: relojes, ecos, tiempos y tristeza.
¿Qué podré manifestar, en este frío intenso
apegado a mis momentos de santísima luz,
en la cruz de mis lamentos que como fieras
ríen de la fidelidad de mi sueños inclinados
al pudor y la grandeza de blanca juventud?
¿De dónde sacaré la alegría o el cosquilleo
que me asombra, en este instante de regodeo,
vinculado a mis propios deseos de satisfacer
mi aliento filtrado vagamente por la lluvia?
¿Cuántos tratados firmaré en la penuria,
cuantas ruinas de cartón perfilarán las luces
de mi alma, de corazón a corazón,
de alma a alma. ¿Cuántas?

Cuantos siglos se enlazarán a mis canciones,
sin que nada perturbe mis sueños o mi retumbo
encrespado por las turbas del anochecer…
¿Qué podré manifestar, si lo dicho se ha hecho
eterno, lánguido, otoñal como las hojas de labia
que dan cierta tonalidad a mi vida?
Vaya, que la niebla no es más que una visión
perdida, un enigma para contradecir mi mente
y soñarla fuera del tiempo.
Ay, me simpatiza volver a tocar la brisa y decirle
cuanto he extrañando la magia de las palabras,
del sabor a melaza y caña, de fruta y sonrisa.

© Derechos Reservados/USA
Prohibida la Reproducción total o parcial,
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10/29/2011

Siempre en la noche

Para aquellos que buscan las palabras, la luz del verso purpúreo, las preguntas, las respuestas del alma, aquí le brindo mi modo de expresar el verbo y la existencia en cuantiosas y exquisitas palabras.  Gracias a todos ustedes que me visitan y me dan luz y alegría al comenzar el día; sus comentarios me halagan, me sorprenden y me animan a seguir escribiendo.”   Un abrazo.

                                                                                                                                                    —María del Mar


Siempre, en la noche,
a la hora de la cena,
o cuando comienzan
las estrellas a dibujar
el techo de diminutos
diamantes, viene,
puntualmente,
la venida del viento,
la nube preñada
de palabras,
la dócil y ondulante
imagen, la reina
que viene a ocupar
la nostalgia y la rima
dentro de mi alma.
¡Uhm, no sé cómo
ahuyentarla!,
casi, casi me domina
su besar intranquilo,
satisfecho de la vida
 me alza, y me toca;
su voz alentadora
y franca me adorna
frente a los siglos.
Cuando siento
su taconear, su estilo
de infanta,
no muy convincente
a mi entender, su hilo
de papel me agranda,
su dureza y su nostalgia
me avivan
similar a una flor
de la cima o del alba—;
su espolear
me hiere, me lastima;
no sé, creo me engaña
y me cuelga, me iza
del palo más alto
y me sorprende.
Mas, es cierto,
me pestaña la piel
de su risa,
y me cava la mente,
tal si fuese un grito
salido de una flor
demente o un pistilo
creciendo del centro
de la tierra.
No me deja dormir,
me despierta su eco,
me lanza contra
la pared y me cubre
de sentimientos;
me duele, me muda
de mi soledad
y me habita, me aloja
en una especie
de trono en donde
yo ya no gobierno.
Alegremente me ata,
y me anima y me ve
cuando cruzo la calle
o paso por un lago,
u observo el silencio
del agua y el sonrosar
del alba decir los días,
como si fuese la primera
palabra dicha, expresada
 en el trinar de todos
los tiempos.




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