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5/06/2011

Son de mayo

                                                      
Son de mayo
I
En la ternura suelo hacer un alto a la memoria,
dejarla pasar por la curvatura de las horas,
sin que sea advertida su admirable recompensa
junto a mi corazón de maleza y pájaro.

II
Y pienso que, a esta altura de la vida, cuando
el verso llega atado a las cabillas que soportan
el hambre y las tinieblas, no podría aspirar más
que a un tenue sentir, levemente arrodillada frente
al altar de Dios pidiendo nada, de lo poquísimo
que deseo tener… por si me marcho pronto.

III
Unas cuántas cosas abrigan mi pecho la ternura:
el tibio abrazo que deja la luna sobre el cántaro
colmado de agua; de alumbrar como un quinqué
la inmensa luz desde lo alto o sentir la cantinela
de un ciempiés hacer música en el aire.

IV
Mas la ternura es una santa llama que no se apaga
nunca, de tantos sueños colgados se alza plena.
Solo yo y el silencio hallamos el agrado que acaba
por dejarse ver entre los henos y los almendros
recostados al pie de la noche.

V
Nada deseo para mí sino el gozo de estar
presente —junto al río— o cerca de un árbol
en flor que da sus raíces a la tierra, unida
a las flores que guardan mi caminar ilusionado
de mar y hierba, sobre las olas.

VI
Y no es la felicidad redentora lo que me prende
los ojos de luz, sino que, al arder el día —de rubia
nitidez, hace de mi sufrir un pasadizo de bondad
sobre la frente.

VII
Exigente es la ternura y no sabe andar descalza
por la vía dolorosa, quiere más de sí misma
y ambiciona, ama, aspira, crece y no se encoleriza
el eco que la apasiona más allá de la abundancia
o la sequía de su suerte.


© Derechos Reservados/ USA
Prohibida la Reproducción total o parcial,
por cualquier medio, sin la autorización del autor.



4/30/2011

Creo



Creo

Creí en las palabras,
pero ya no creo.
Creo en las mías,
en las mías solamente.

Creo en la Palabra
de Dios: verdadero
vocablo que invita
a vivir en lo sublime.

Creo en el balbucear
de un niño, el silencio
de la noche y la risa.

Creo en la virtud
del pobre y la justicia,
pero no creo que hay
luz ni sol, ni ocaso
en la tierra mía...

Creo en la voz
del silencio, en la onda
de la brisa, en la señal
del crepúsculo,
en el surcar del viento
que me viste.

Creo en el vocablo
hebreo y en el lenguaje
de Dios y los ángeles,
pero no creo en el aire
que ahora respiro.

Creo en el alarido
del pobre y el gemido
del anciano,
en el aúllo de un perro
y en el ruego del niño
indefenso.

Creo en la Presencia
Divina, en la efusión
de los pueblos,
en la paz del universo
y el temblor amoroso
de un beso.

Creo en el amor,
pienso que su esencia
existe, su cálido abrazo
vive y reina por siempre
en la esperanza.

© Derecho de Autor: María del Mar – 2009/2011

4/29/2011

La esplendidez del alba



Grandiosa debe ser la vida,
cuando aún encuentro almas
dándome una mano.
Tiene que ser pulcra su santa
señoría, cuando en el silencio
se levantan las palabras
en medio de las sombras.

Triste es la existencia mía
cuando respiro la sal del mar,
entre el bosque y las calles
llenas de erizos que destilan
hiel en vez de dulzura…

Mas,
puedo descubrir el admirable
rubor de la duda, agudizar
la extraordinaria e íntima
sabiduría, que eclipsa
el celoso crujir del tiempo
sobre la memoria.

Dócil es el incienso que toca
el sensible palpitar del amor,
puesto a hervir en la tina
de la victoria y la añoranza;
de los días por volver
y la dicha que no llega
a ser esperanza.

Simple y afable son los soplos
de apacible gozo: la ternura
de una rosa, la cintura ancha
adelgazando un verso, un culto
al son amado; la voz del mar,
el cimiento rosado que sopla
su aliento en mi regazo.

Aún hay gentes que dicen dónde
duermen los últimos almendros
caídos en la hierba; capullos
de la tierra enredados a la fiesta
de amplio vestido y zapatos
de bajo corte.

Esas son las cosas que busco
en el piso de la noche: el canto
suave de la brisa, la lluvia silente,
un diálogo fervoroso a la luz
de la luna junto al amor...

Es esa la grandeza humilde
a la que me aferro y no se pierde
en los cirios altos: lumbre, sol,
 estrellas y astros comprometidos
y fieles a la esplendidez del alba.

© Derecho de Autor María del Mar – 2009

4/23/2011

Veinticuatro horas

Bello regalo de este poema recitado por Beatriz Salas.

¿Por qué insiste el tiempo
en llevarse un poco de mi?
Deseo no dejar mis signos
dibujados en el aire, como
si fuesen mechones de pelusas
o henos prendidos a la tierra.

Desafiando los días, con terco
abrumo, oigo los retumbos
del mar, para no escuchar
el reloj hacer un intervalo
entre las horas y los minutos.

De nada sirve ver al sol salir,
si soy una varilla que marca
los segundos, con la maestría
que cumple y a la vez guarda,
un último rayo de luz
que se disfraza frente al paso
de los días.

Soy un péndulo incorregible
que se mueve con el tiempo;
una manecilla que estimula
un compás cíclico, un ritmo
errado que dura menos
que un suspiro emitido al aire.

Estoy luchando en contra
del rejoj de veinticuatro horas,
imaginando una gran cruzada
para desviar el sonido senil
de este artefacto ardiente,
que continúa su camino hacia
el infalible arribo de la noche.


© Derechos Reservados - María del Mar  2011
Prohibida la Reproducción total o parcial,
por cualquier medio, sin la autorización del autor.

4/16/2011

La despedida



Fuiste tú, tú entre la sombra,
quien dijo la última palabra:
palabra que rompió los huesos
y se escondió entre el cabello
y el bozal que amparó mi boca.

Tú y el cordel que haló la roca,
con los pies mojados de fango
dijeron los adioses cortos
a tantas bienvenidas largas
sobre las flores violetas y la luz.

Ahora, ahora se me ocurre,
que fueron lerdas esas fechas:
fechas que vivieron de los albores 
nuevos del alma, amor que cubrió
la piel y los labios de dulzura.


La dicha lenta afinó el cincel
con que mendigan los ávidos,
los hambrientos de sol y de caricias,
 los débiles de alma que amasan 
certezas en los hombros desnudos
de los pájaros.  

Mi pecho, saturado de emociones,
dio la última vuelta por el jardín
encantado, y por la vieja esquina
en donde ríen los tontos, los tontos
que no perciben el llanto interno,
la soledad friolenta de los dolores
amontonados en la acera.

Tú, como en mis sueños, persistes
en cantar nuevas quimeras bajo
el reto del ocaso, atesorando
un refugio, un repaso, un acuerdo
de estar presente -todos los días-
como un centinela trajeado de luz
y sombras; en cuerpo y alma
sobre mi altar de luces apagadas
y encendidas.

La despedida se me hizo enorme,
me condenó a vivir en tinieblas
desde ese día, en cautiverio de noche,
lejos del sendero aún tibio, apenado,
deshecho, inconsolablemente
paralizado, frío de no caminar
a tu lado, junto a ti, cerca de ti,
aquí…contigo, mi bien amado.


© Derecho de Autor María del Mar - 2009




YA NO SABRÍA

Ya no sabría jamás

cómo decir o escribir

las palabras mágicas:

“te amo” “te quiero”;

las únicas palabras

que no me deshojan

los huesos de olvido.

Dejé de nombrarlas,

cuidé de no llamarlas

por su propio nombre,

me negué articular

el más mínimo sonido

cuando el sol intentaba

despuntar sobre

mi hombro… –creo

he anulado su sentido

en la pequeñez tardía

y el dolor–.



© Derechos Reservados/USA
Prohibida la Reproducción total o parcial,
por cualquier medio, sin la autorización de la autora.

ISBN 1-933439-04-4

4/10/2011

Despertar a la vida



Despertar a la vida

Despertar es tomar consciencia
de uno mismo, es ser presencia
en donde haya ausencia de luz,
de posibilidades para ser
abordadas en la plenitud del alba.

Es despertar para vivir y recordar,
que la vida la cima de todo amado,
lo esperado y querido; es la cúspide
que renueva el cantar de hoy
y de todos los tiempos; la víspera
del silencio agrio que no se habrá
de escuchar nunca.

Mas hay que despertar ahora
mismo del pertinaz concierto
de voces frías, estranguladas
en el desierto de nuestras
dificultades y renuncias: voces
falsas y engreídas indiferentes
al temblor del hombre y la mujer
que vive del sueño honrado.

Despertar es esquivar los miedos
que han desequilibrado el conforte
de nuestras propias iniciativas
y reclamos, para cambiar lo dicho
y no asentir a lo que se habrá
de decir.

**Nota de la Autora**
Continuo el tema del despertar, pues he recibido muchos mensajes y creo que a ustedes le debo la sabiduría que llevo conmigo y que no se puede quedar dentro del alma. Despierten, pues, y vivan, vivan siempre en la presencia de Dios, de ustedes mismos, siempre teniendo en cuenta el caudal de vida que llevan dentro. Gracias por todos sus mensajes y que siempre permanezcan a la altura de sus normas y conforme a su propia posibilidad de ser libres y abiertos al don de la vida. Saludos por igual a todos mis amigos.


María del Mar, desde Cuba

Es preciso despertar


Un pensamiento

Es preciso despertar del sueño profundo en que hemos estado viviendo. Es importante despertar para tener un mañana feliz y lleno de luz, para abrir los ojos a un nuevo día que vendrá inundado de bien y de esperanza; para vivir con gratitud por el simple hecho de respirar, sentir y disfrutar de todo a nuestro alrededor.

Pero hay que despertar ahora mismo: sin miedos, sin pavor al pasado o aprensión al futuro. Hay que abrir los ojos para enterarnos de que existe el día cubriendo parte del universo con su manto de luz y de tinieblas en perfecta armonía girando en torno nuestro.

Despertar del sueño eterno de la fantasía arraigada en nuestra propia historia, es despertar al presente lleno de alicientes y planes por realizar. Despertar es olvidar nuestro rostro entristecido, sumido en un desvelo inquietante. Porque, al estar dormidos en la plenitud del tiempo, se desvió el cauce vertiginoso del río que huyó temeroso de nuestra propia sombra.

Pero hay que despertar ahora mismo de ese sueño escaso de ilusiones y planes no forjados por lo que nos ha tocado vivir. Hay que avivarse después del somnífero que ensombreció nuestros proyectos anidados desde siempre en la profundidad del alma; hay que despertar para no idealizar tan sólo en sueños, lo que no se hizo realidad después de una noche en vela: tiempo contemplativo y largo que se convirtió en prisionero de la oscuridad y fugitivo del día.

Mas hay que despertar de ese sueño eterno, rebelde, entrometido e incomprensible que desequilibra el candor y la virtud de la esperanza. Hay que despertar ahora mismo de la insensibilidad que acosa la impenetrable selva de nuestras inseguridades y egoísmos… —pero hay que despertar ahora antes que sea demasiado tarde—.

© Derecho de Autor María del Mar - 2009

4/09/2011

La verdadera felicidad



La felicidad
La verdadera
felicidad es estar
satisfecho
en lo poco,
con lo justo
para subsistir
dentro
de lo mucho
que existe
en el alma.
La importancia
de mantener
el alma intacta
de los vientos
que la golpean
y la sacuden,
viene de ti,
de tu capacidad
de protegerla
y halagarla.
Porque,
no contamos
con los demás
para ser felices,
sino que velamos
la intimidad ,
la gracia y el don
de uno mismo
para medir
el gozo
y el placer
de sentir
que existe
la vida
para salvarnos.

La vida, la vida
algunas veces
suele ser
incompleta,
no hay suficiente
claridad
para vivirla;
demasiado
estricta
para apreciarla;
limitada
en su propia
amplitud
y estrechez
de ser
persistentes
sus dolores
y desengaños.

La dicha
personal radica
del ser que vive
dentro
de un corazón
ilusionado,
majestuoso,
límpido y simple;
dichoso de desear
ser libre
de espíritu
hasta la muerte
o la eternidad.

Enciende la vela
de la bonanza
de la virtud del alma,
eres tú quien
la prende todos
los días y de algún
modo cuídala,
vigílala,
defiéndela,
presérvala...


© Derecho de Autor María del Mar - 2009/2010

4/03/2011

A pesar de todo...

http://www.youtube.com/watch?v=CgchzIgyR2g


Pintura de Jesús González
Mi alma despierta
con los rayos del sol,
renaciendo feliz
con el canto del gallo.
La lozanía del campo
rescata su esplendor,
sanando mi corazón
apegado al valle.

¿Qué puedo hacer
sino halagar la gracia
de los sembrados
y el suelo divisar
con gusto y agrado?:
tierra que domina
mi vida con la sed
del desmemoriado
que olvida la tiranía
del hombre?

Cuando absorbo
la esencia del verdor
que sale del huerto,
no hago más que ver
el sabor, la similitud
al paraíso, el retrato
de Dios sonriéndome
desde la virtud
que captan mis ojos.
Deseo destacar
el brillo, el tomeguín
que canta indiferente
al grito clemente
que sale del corazón
del cubano.

¡Mira, mira! dentro
del surco, del bohío,
del río seco de pasmo;
dentro de la mirada
que habita triste,
estresada de espanto
sobre la tierra
que de luto agoniza
a pesar de todo…

© Derecho de Autor María del Mar - 2009

4/02/2011

Clamor de la tarde


(1)
No sé más de ti,
ni nadie revela
tu desmayo,
¿ha caído tu luz
o es que nunca
tuviste fuego,
ni voz ni pecho
para vivir
en el propio
fulgor del día
o en el clamor
de la tarde?

(2)
Qué imprevisto tu olvido,
qué sordez tan horripilante
tu falta de cortesía;
qué temblor me sentencia
un simple olvido o un adiós
imperceptible, o distraído
delante del sol que quema
o desaparece…

(3)
Ya no detengo las horas
que me alzan como el humo
que me baña o en la reseques
que me enfría y me recuerda
el tiempo que me atormenta
sobre los hombros.

(4)
Es que sucede qué extraño
tu último abrazo
y el gran saludo del día;
el supremo piropo del año
que no escucho dentro
del respiro que no siento
palpitar dentro de mi alma.

(5)
No he sabido más ti, amor,
¿qué ha sucedido dentro
del mar en que caminaste
un día? o ¿sobre las olas
y los peces me olvidaste?

© Derecho de Autor: María del Mar - 2010

3/28/2011

Esperanza


Esperanza
La esperanza se puede observar desde un triangulo mágico, constituido por una fuerza interna que pulsa, contrae y vive; la que no se amedrenta por nada. Esa fuerza interna, que brilla como el sol del mediodía, es el corazón del hombre; la maquinaria excelsa que dicta la última palabra.

Siempre habrá en la vida un momento de angustia, un instante de apasionamiento, un minuto de llanto o un  segundo de desesperación y miles y miles de intervalos dudosos, al igual que soplos de alegría...
Sin embargo, cuando la persona hace un alto a la angustia, al apasionamiento, a la desesperación y a las dudas, surge, desde lo profundo del ser, lo que llamamos “esperanza” : —fe, creencia, certidumbre, convicción, anhelo—: todo en uno.

© Derecho de Autor María del Mar - 2009

3/26/2011

Misterioso sentir



Yo sé cómo se siente la manigua
que lame sus raíces enterradas
en la tierra.

Se también de la pequeña lombriz
que no asoma su cabeza ni duerme
en la guarida en donde vive sin luz.

Sé del campo aterciopelado
y sus vacas blancas, de pelo espeso,
de las que cubren la virtud del pobre
y se apegan a la codicia del rico…

Sé cómo se siente un clavel dejado
a la sombra de un árbol; calados
sus pétalos por la lluvia de lumbre
que cayó en su venerable frente.

Siento el olor a barniz fresco: laca
que reposa en la puerta y la aldaba,
haciendo tiempo entre el día
y la muerte que no acaba de tocar
la puerta.

Siento todo el dolor que asusta,
cuando la llama suele estar apagada
de llanto y vacio de caña y col.

Siento y no siento lo que debo sentir
al finalizar el día; las cosas simples
hacer delicias y cantos en los pórticos
de mi sed de querer ser yo misma
el fino tul de la lluvia...

© Derecho de Autor María del Mar - 2010

3/19/2011

Tengo y no tengo



Tengo más tiempo en mis manos,
pero no tengo un lapso para amar,
para hallar y compartir la alegría
y la paz que merezco.

Tengo un terruño pero no tengo
arreo, ni un arroyo para llevar
de un lado a otro mi canto: verso,
coro, himno o un Salmo hebreo.

Tengo más noches llenas de luz,
pero menos paños para secar
mi llanto, menos sueños,
más certezas, más recuerdos
sobre mi mesa…

Tengo más lumbre interna
y menos promesas enlazadas
a mi paso, un ocaso perdido;
tengo viajes torcidos o idos
 por las grutas del silencio.

Tengo vida, mas tengo un peso
labrando mi huerto; no poseo
alimento pero gozo de aliento
para sustentar mi cuerpo.

Tengo un amanecer soleado
pero y no tengo un foco
para alumbrar mi techo;
tengo arroyos mas no hallo
 agua para asear mi camino
lleno de abrojos falsos.

No tengo un abrazo pero tengo
un verso, tengo un espíritu claro
y un corazón honesto ¡libre!
¡libre! dentro de mi pecho.

Escucho un eco en mi ser
que dice: “persiste, persevera”
—todo pasa y todo llega,
nada tarda, nada ciega—.

No exijo cosas, pero a la vez
no tengo nada que desespera;
lo que tengo es bueno: serena
la mirada, una copla callada
y una isla perdida en el Golfo.

Nada tengo, pero un mundo
enorme veo; mas soy una huella,
un preludio, una luz siempre
encendida en medio del asombro.
© Derecho de Autor María del Mar - 2010


Por el sendero cubano


I
He dejado flores
en mi sendero
para no olvidar
mi camino.
Regreso divino
a los campos
repletos de aves
y algas prendidas
a la orilla del río;
aguas dormidas,
eternizadas
como yo misma
al pie de la vida;
sin pensar
en el presente
sino en el mañana
que tiende a ser
escurridizo.

II
Y dejo de ser
hastío y vuelvo
a sentir el gusto
a la vida
cuando escribo,
cuando soy
un soplo puro
que desciende
hasta cubrir
mis pensamientos
de luz.

III
Mi conceptos
se remontan
a una plenitud
inexistente, falsa
para seguir
viviendo
en mi país
–Cuba–
haciendo un gran
esfuerzo delante
de los dioses
y los pájaros.

IV
He dejado flores
en mi sendero,
para no olvidar
mi camino lleno
de maleza añil,
como las nubes
de tono perfecto
unidas al arado
y al son.

V
He dejado de ser
matiz
para bautizarme
de tinta roja
–como la sangre–,
como una rosa
oscurecida
después de haber
sido arrancados
sus pétalos suaves
y olorosos.

VI
Y sigo dejando
flores alrededor
del silencio,
colmando la vida
de cintas verdes
–como la esperanza–
para ser trenzadas
a esta espera larga,
hasta el día
en que mis pies
dejen de ser huellas
en la hierba
para convertirse
en alas…

VII
Dejo flores
en el camino
para no olvidar
mi retorno
a la vida.

© Derecho de Autor María del Mar - 2010

3/17/2011

Para contarle al mar



Y ya no he de saber,
si de rojo se pintan
mis labios o de verso
se llena el paladar
de simples palabras.
La palabra que un día
se escapó de mi boca,
para ser diáfana luz,
sedosa de ser como
el agua pura; clara
de abrigarme la piel
desinteresadamente.

Agua que de agua
beben sus contornos
suaves, para estilizar
la voz; la sabiduría
del alma adornarse
de paz y su aliento
rodearse de cuanto
impulso manó
de su chorro manso;
citando un Salmo
desde el río,
para contarle al mar
su hazaña, para alzar
una vela a las cinco
cruces olvidadas,
de callar con lluvia
tierna mi boca
y las palabras.

© Derecho de Autor: María del Mar - 2010

3/13/2011

Míranos, Cuba, observanos...


Vista aérea de Cuba
Cuba, de tu pueblo nace
la hierba madura, la caña,
el plátano y el resplandor.
Brillo enorme que desde
el eje de la tierra emana,
para dar fruto y vivacidad
a tus hijos a pleno sol.

Míranos, Cuba, observa
cuan seca tu tierra calla,
tu Pico Turquino yerra
de no ser el mismo;
tus pinares se han caído,
ya no existe el verdor
sosegado de tu origen…
Te han ultrajado, herido
¡tierra fiel de la Virgen!
y nada puedo hacer más
que llorarte y quererte.

© Derecho de Autor María del Mar - 2009

3/12/2011

Bajo el golpe de la vida

Imagen de la Internet

Mi corazón
de helecho
no perece
en la sequía,
no expira
de mañana
ni se apaga
en la noche
fría.

Mi corazón
no se turba
ni se desluce
por nada;
aunque la lluvia
ahogue
mi huerto
y mi tonada.

Nunca
se secará
mi alma,
ni desaguará 
tampoco
mi risa;
saetas largas
clavarán
mi voz,
me abrirán
la piel
y me cubrirán
las briznas;
mas nunca,
nunca morirá
mi tierra bajo
el golpe tenaz
de la vida.


© Derecho de Autor María del Mar - 2009

3/10/2011

Bajo la luz de neón


Bajo la luz de neón
te dije adiós un día,
me despedí, me fui
en un lento morir…
Hojas y vestigios
quedaron al fresco,
al sereno interior
de mi alma ¡dentro!
de la intemperie.

Bajo la luz de neón
te dije adiós un día,
te eché de mi vida,
te aparté mil veces
de mi memoria;
como la lluvia fría
que cae y no moja
pero rehumedece
e impregna mi risa
de recuerdos.

© Derecho de Autor María del Mar - 2009


3/06/2011

¿Cómo podría?


¿Cómo podría
ir en tu busca,
lejos del tiempo?
¿En dónde
te encontraría?

¿Adónde iría
después de haber
recorrido la luna
y el sol poniente?
¿Por dónde
iniciaría mi sondeo
de gracia y paz?

Son las preguntas
que, en desespero,
me pregunto
sin que tú lo sepas
ni te lo imaginas.
¿Cómo podría
ir en tu busca,
lejos del tiempo?

© Derecho de Autor María del Mar - 2009

3/05/2011

El amor a la patria

Miss Cuba 1959

Es que el amor a la patria hierve
dentro de mis venas, dentro del alma
y la vida que tiembla las costas
de todo cubano, en la mía y en la ciudad
que abraza los huesos de Martí y Maceo
en una hermandad absoluta, patriótica
y rebelde.

© Derecho de Autor María del Mar - 2009

Martí de los hombres


Martí de los hombres,
Martí sombrío,
del llano sin nombre,
Martí del lugar lejano.
Martí el amigo,
el hermano de Amelia,
el compañero fiel
de las estrellas, mi tutor
en la poesía; poeta
enamorado del amor
y de María esbelta,
de la belleza: ser culto
¡cubano de pura cepa!:
orgullo, machete y flor.

© Derecho de Autor María del Mar - 2009

2/27/2011

Necesitamos paz en Cuba


Necesitamos paz,
la misma que tienes,
idéntica a la nieve
caída en tu hombro.

Más nunca he oído
la voz del amor
pronunciar la vida
en un soplo fugaz
y sereno como hoy
le he oído.

La voz que precisa
y llega lejos -hasta
el tuétano- del aire
y allí vive y se nutre,
en el seno íntegro
y su profundidad.

Y salta dentro de mí
la palabra excelsa
tanto o más
que nunca,
como la onda plena
que llega y muerde
la vileza y la arrasa.

Voz que descubro
honra y remueve
del camino, el bulto
que soporto dentro
y lo llena de fe
y esperanza.

Es la voz de Dios,
la que levanta la vida,
el amor que es ÉL y no
Fidel que se cree ser
el Todopoderoso.

2/26/2011

Ahora o nunca


Y
pienso que, ahora o nunca,
sentiré la brisa de tus ojos
parpadear sobre los míos;
aún, aún cuando se haya
ido el horizonte de mi rostro
en un apagar profundo…

Y pienso que, luego o siempre,
sentiré tus pestañas abanicar
mis lágrimas y, una a una,
las verás deslizar al perderse
en el mar de mis entrañas.

© Derecho de Autor María del Mar - 2009


2/20/2011

De vernos juntos


Tiritan en la piel
y en mis pupilas,
tu rostro y tu voz,
como la hoja
temblorosa y fiel
que habita en mi
y me reconcilia.

Salvo tus ojos
que me amparan
como una luz divina,
desde el tristísimo
destello de luz
que nos separa.
Y no hago más
que devolverte,
sólo un instante
de palabras,
desde la cercanía
que nos aleja
y nos pierde
de vernos juntos.

© Derecho de Autor María del Mar - 2009/2010

2/19/2011

¡Abre tus ojos, mundo!



Libro de Armando Valladares,
preso político cubano

¡Tanto dolor se derrama
en las galeras cubanas!
Mucha pérdida, tal vez
demasiados gemidos
no escuchados, remotos
e ignorados: soplos ocultos
e íntimos, incomprendidos
saturados de nobleza
en la oscuridad del azote.

¡Abre tus ojos, mundo!
ábrelos para que veas,
para que observes el abuso,
el verso ensangrentado
que cada noche renueva
la fe y la esperanza.

Voces ¡altas! ¡nuevas!
u olvidadas corean, hablan
como los tambores, claves
y maracas de la tierra.

¡Abre tus ojos, mundo!
para que veas y entiendas
que Cuba es una isla
llena de injurias y ofensas
contra la vida del hombre
y los derechos humanos.

¡Tanto dolor se derrama
en las galeras cubanas!