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7/03/2011

He aprendido

He aprendido

I)
He aprendido que la perfección
sólo se halla cuando nos enamoramos,
ahí en fuera, nadie es perfecto, sólo
Dios es perfecto.
 II)
He sabido que la vida deja huellas
profundas en el alma, mas, las marcas
más agradables son las del amor
y la justicia.
 III)
He practicado remozar la angustia,
a dejarla pasar como un río largo;
de no desear sentir las horas o ir
de visita a un sitio sin nombre, ausente
de amor o de esperanza.
IV)
He entendido que las palabras falsas
son dolorosas estacas: dardos mortales
sobre mi frente y mi espalda.
 V)
También he sabido que las palabras
más dulces y sanas son las que he visto
izarse  –como una bandera- por mi mente
y mis entrañas.
VI)
He aprendido a cambiar mi sentir,
acariciar las veces que he sufrido 
el desamor en el desnudo estar
de las cosas que amo.
VII)
He alternado las ansias, para encontrar
la dicha; el peso del dolor lo llevo atado
al mar profundo, sobre mis hombros de árbol.
VIII)
He descubierto la vida en un verso, la sombra
del mutismo se las llevó el tiempo, ahora sé
que hay refugio en mis simples palabras.
 IX)
He cultivado mi vida sobre una roca firme,
y ya nada me urge o me provoca si no deseo
que suceda un caos o una derrota en mi alma.
 X)
He aplicado la ley de Dios sobre mi pecho,
he cruzado el Mar Rojo una y mil veces
y he salido ilesa del temor y el desespero,
de la mano de Dios Santo.
 XI)
He ensayado a ser justa y reservada; las cosas
que me hieren las guardo, para siempre,
en mi vientre o en un paño blanco.
XII)
He olvidado el miedo y el ruido
de afuera provocar la pena y el dolor amargo,
(de tal manera) que ya no soy la misma
sino mejor y verdadera.
XIII)
He tocado mi vida con la fe del pobre; la sed
de quien siente las angustias y las rompe
con el sonido manso del aire y la marea.


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Prohibida la Reproducción total o parcial,
por cualquier medio sin la autorización de la autora.

6/21/2011

Y si te vas...

Y si te vas...
-I-
Y si te vas, luego
de haberte amado
junto al olvido,
con la primera luz
del amanecer,
siempre temprano
en el invierno,
tarde en la proximidad
de otoño y el gélido
silencio al despertar.
 -II-
El agua de todos
los océanos no podría
apagar el amor,
tampoco un río podría
extinguirlo y de dolor
mojar sus aguas,
o de alegría bañar
su aliento tras las olas
y el vacío.
-III-
Llévame grabada como
un sello en la memoria,
o bajo una piedra añil
o en el cantar de las aves
cansadas de atravesar
los valles sobre la sed
del camino –frágil– destino 
entre el sol y la tierra.
 -IV-
Llévame como un eco
en tu recuerdo,
y en la franja del mar
desmemoriado,
o en la fragilidad sutil
de una página temblar
de emoción y dicha
entre mis manos…
 -VI-
Y si te vas, ya quedarían
en blanco los versos
que te prometí en el alba,
con los ojos cerrados,
perdidos en la soledad
del verano, junto al lago
en que comulgamos
juntos.


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6/11/2011

Algún día, amor...

Algún día nos buscaremos
y, al fin, nos reconoceremos.
Algún día, quizás, o luego,
o mañana observaremos
los lirios blancos, pálidos
de tantos desvelos.



Veremos la calle desierta
de algunas calles caminadas
y, quién sabe, pediremos
una tregua al tiempo,
un permiso o una prórroga
para amarrar los cordones
de nuestros zapatos viejos
olvidados en la acera

Tú y yo venimos de otras
eras, ensangrentados, rotas
ya las cavidades del cuerpo,
tristes de andar a la deriva,
desolados de tanta soledad,
alicaídos nuestros brazos;
abandonados al destino
que nos llora, nos refugia
y nos compensa; enlazados
a la cintura de las huellas,
cortada nuestra respiración
ensambladas al recuerdo.


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6/04/2011

La voz dentro de Cuba

-I-
A dónde el corazón me lleve, allí estaré.
Durante los días, mientras que todo esté
en silencio, allí estaré dentro del bullicio
y el archipiélago que me hunde, dentro
de la isla que me vence de tanto exponer
la falsedad en que vive mi pueblo.
-II- 
Y  me encontrarás sentada, junto a la caña,
o abierta a las limosnas que me darán
los huesos, recostada al quicio de la vieja
escuela pidiendo el regreso del mar
o exigiendo un beso y una caricia a la vida,
o reclamando el pan que me corresponde
para subsistir todos los días…
-III- 
Feliz, al lado de nadie, salvando las fechas
que me adormecen, haciendo de ellas
un arroyo o un pesado viento, resistiendo
la sed de independencia y paz dentro de mí;
de querer ser un río hondo o un arroyuelo
límpido,  me conformo con ser una gota
de agua, descubriendo un mar inmenso
entre el hambre y la miseria.
-IV-
A dónde el corazón me lleve, allí viviré
los días: en la posibilidad de lo imposible,
bajo la libertad sin sometimiento o la rebeldía
y la voluntad de ir cantando, oponiéndome
a las injusticias, a las infamias, al despotismo
cruel y a la tiranía.
-V-
¡Óiganme hijos del mundo, pasen a otros
mi canto y mi verdad!

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5/28/2011

Luz que acompaña las horas



I
Al final del sendero espero:
siempre esperaré a que tu piel
ilumine mi cuerpo entero.
Mi cuerpo lleno de esperanzas
y de orquídeas, de distancias,
de felicidades y sonrisas mal
acostumbradas.

II
Y por costumbre subsisto
dentro de la parábola excelsa,
como para indicar que vivo
y no fallezco en medio
del desafuero que observo
dentro de la misma vida.

III
Observo,
y sin saber sobrevivo el canto
y la flor eterna de la primavera.
Primavera que de su vientre
aviva las flores primeras;
ternura que vale mucho más
que un silencio colgado
del marfil de la puerta...

IV
Puerta que no veo dentro
de mi suerte, de las muchas
veces que espero detrás del sol
a que aparezcas, de las tantas
que expiro anhelando una nota,
de los pocos siglos que me laten
como si fuesen horas clausuradas
dentro de los días.

V
Días relegados y perdidos fuera
de la luz que me acompaña.
Luz que ilumina mi corazón
sin saña, de un tiempo raro
(de plenitud y decepciones) :
fechas e intervalos idos, períodos
y espacios lerdos; temporadas,
momentos falsos, fases, ciclos,
instantes sin fe, meses, minutos, 
años y olvidos.

VI
Olvido que quedó en el vagón
de un simple beso.


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por cualquier medio, sin la autorización del autora.

5/21/2011

De pan y gloria



Llevo la sangre del ocaso inscrita
en mis brazos, y el bulto del pesar
temblando junto a un barranco.

Traigo rayos de luz ligados a la patria,
como si fuesen jirones de mi ser
iluminando un faro de mar y plata.

Llevo los diluvios de silencio lijando
mi sendero alado; el frío del rocío
refresca –quizás– viejas palabras.

Tengo conmigo un manojo de orugas
entretejidas a mi espalda: un eco,
un verso sumergido al valle de la vida
y la memoria.

Traigo la vida a cuestas, todo lo mío
lo veo desde el río profundo
y mi equipaje; y no traslado nada
dentro de mi busto o mi talle...

Las horas me alzan, me llevan de lado
a lado, me sacuden, me estremecen
como las estaciones de pan y gloria,
portadoras de olvidos aniñados
a mi piel de mujer cobarde.

Traigo conmigo una brújula, guiada
por las horas, un creyón marcado
de sol, la herencia del desvelo
pegada al credo y al amor dentro
de mí, junto a mi alma
como un suspiro en la sombra.


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Prohibida la Reproducción total o parcial,
por cualquier medio sin la autorización del autora.

5/15/2011

Paz sobre la tierra



Canto a la desnudez
del universo: amargo
grito salido del escote
de la tierra y del verso
de raíces amplias.

Melodía plena,
como las islas llenas
de luz, enmarcadas
de oro: lecho feliz
de los hombres,
eco sonoro de poema
honrado: antología
mundial de libertad
bajo palabra.

Himno sobre los suelos
de fértil cadencia:
ritmo ilustre echando
abajo las guerras…

Salmo ungido, pronta
es su asombrosa virtud
-libre de sombras-:
abierto al amor del ser
y la misericordia.

Balada internacional
avivando el clamor
de los justos, canción
oculta afinando un coro
entre nosotros…

Copla de justicia
iluminando un corazón
indefenso; oda de eco
sobre el mar callado; luz
de naciones que acaba
por izar banderas en pos
de la verdadera paz
del universo.


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por cualquier medio, sin la autorización previa
de la autora.

5/06/2011

Son de mayo

                                                      
Son de mayo
I
En la ternura suelo hacer un alto a la memoria,
dejarla pasar por la curvatura de las horas,
sin que sea advertida su admirable recompensa
junto a mi corazón de maleza y pájaro.

II
Y pienso que, a esta altura de la vida, cuando
el verso llega atado a las cabillas que soportan
el hambre y las tinieblas, no podría aspirar más
que a un tenue sentir, levemente arrodillada frente
al altar de Dios pidiendo nada, de lo poquísimo
que deseo tener… por si me marcho pronto.

III
Unas cuántas cosas abrigan mi pecho la ternura:
el tibio abrazo que deja la luna sobre el cántaro
colmado de agua; de alumbrar como un quinqué
la inmensa luz desde lo alto o sentir la cantinela
de un ciempiés hacer música en el aire.

IV
Mas la ternura es una santa llama que no se apaga
nunca, de tantos sueños colgados se alza plena.
Solo yo y el silencio hallamos el agrado que acaba
por dejarse ver entre los henos y los almendros
recostados al pie de la noche.

V
Nada deseo para mí sino el gozo de estar
presente —junto al río— o cerca de un árbol
en flor que da sus raíces a la tierra, unida
a las flores que guardan mi caminar ilusionado
de mar y hierba, sobre las olas.

VI
Y no es la felicidad redentora lo que me prende
los ojos de luz, sino que, al arder el día —de rubia
nitidez, hace de mi sufrir un pasadizo de bondad
sobre la frente.

VII
Exigente es la ternura y no sabe andar descalza
por la vía dolorosa, quiere más de sí misma
y ambiciona, ama, aspira, crece y no se encoleriza
el eco que la apasiona más allá de la abundancia
o la sequía de su suerte.


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Prohibida la Reproducción total o parcial,
por cualquier medio, sin la autorización del autor.



4/30/2011

Creo



Creo

Creí en las palabras,
pero ya no creo.
Creo en las mías,
en las mías solamente.

Creo en la Palabra
de Dios: verdadero
vocablo que invita
a vivir en lo sublime.

Creo en el balbucear
de un niño, el silencio
de la noche y la risa.

Creo en la virtud
del pobre y la justicia,
pero no creo que hay
luz ni sol, ni ocaso
en la tierra mía...

Creo en la voz
del silencio, en la onda
de la brisa, en la señal
del crepúsculo,
en el surcar del viento
que me viste.

Creo en el vocablo
hebreo y en el lenguaje
de Dios y los ángeles,
pero no creo en el aire
que ahora respiro.

Creo en el alarido
del pobre y el gemido
del anciano,
en el aúllo de un perro
y en el ruego del niño
indefenso.

Creo en la Presencia
Divina, en la efusión
de los pueblos,
en la paz del universo
y el temblor amoroso
de un beso.

Creo en el amor,
pienso que su esencia
existe, su cálido abrazo
vive y reina por siempre
en la esperanza.

© Derecho de Autor: María del Mar – 2009/2011

4/29/2011

La esplendidez del alba



Grandiosa debe ser la vida,
cuando aún encuentro almas
dándome una mano.
Tiene que ser pulcra su santa
señoría, cuando en el silencio
se levantan las palabras
en medio de las sombras.

Triste es la existencia mía
cuando respiro la sal del mar,
entre el bosque y las calles
llenas de erizos que destilan
hiel en vez de dulzura…

Mas,
puedo descubrir el admirable
rubor de la duda, agudizar
la extraordinaria e íntima
sabiduría, que eclipsa
el celoso crujir del tiempo
sobre la memoria.

Dócil es el incienso que toca
el sensible palpitar del amor,
puesto a hervir en la tina
de la victoria y la añoranza;
de los días por volver
y la dicha que no llega
a ser esperanza.

Simple y afable son los soplos
de apacible gozo: la ternura
de una rosa, la cintura ancha
adelgazando un verso, un culto
al son amado; la voz del mar,
el cimiento rosado que sopla
su aliento en mi regazo.

Aún hay gentes que dicen dónde
duermen los últimos almendros
caídos en la hierba; capullos
de la tierra enredados a la fiesta
de amplio vestido y zapatos
de bajo corte.

Esas son las cosas que busco
en el piso de la noche: el canto
suave de la brisa, la lluvia silente,
un diálogo fervoroso a la luz
de la luna junto al amor...

Es esa la grandeza humilde
a la que me aferro y no se pierde
en los cirios altos: lumbre, sol,
 estrellas y astros comprometidos
y fieles a la esplendidez del alba.

© Derecho de Autor María del Mar – 2009

4/23/2011

Veinticuatro horas

Bello regalo de este poema recitado por Beatriz Salas.

¿Por qué insiste el tiempo
en llevarse un poco de mi?
Deseo no dejar mis signos
dibujados en el aire, como
si fuesen mechones de pelusas
o henos prendidos a la tierra.

Desafiando los días, con terco
abrumo, oigo los retumbos
del mar, para no escuchar
el reloj hacer un intervalo
entre las horas y los minutos.

De nada sirve ver al sol salir,
si soy una varilla que marca
los segundos, con la maestría
que cumple y a la vez guarda,
un último rayo de luz
que se disfraza frente al paso
de los días.

Soy un péndulo incorregible
que se mueve con el tiempo;
una manecilla que estimula
un compás cíclico, un ritmo
errado que dura menos
que un suspiro emitido al aire.

Estoy luchando en contra
del rejoj de veinticuatro horas,
imaginando una gran cruzada
para desviar el sonido senil
de este artefacto ardiente,
que continúa su camino hacia
el infalible arribo de la noche.


© Derechos Reservados - María del Mar  2011
Prohibida la Reproducción total o parcial,
por cualquier medio, sin la autorización del autor.

4/16/2011

La despedida



Fuiste tú, tú entre la sombra,
quien dijo la última palabra:
palabra que rompió los huesos
y se escondió entre el cabello
y el bozal que amparó mi boca.

Tú y el cordel que haló la roca,
con los pies mojados de fango
dijeron los adioses cortos
a tantas bienvenidas largas
sobre las flores violetas y la luz.

Ahora, ahora se me ocurre,
que fueron lerdas esas fechas:
fechas que vivieron de los albores 
nuevos del alma, amor que cubrió
la piel y los labios de dulzura.


La dicha lenta afinó el cincel
con que mendigan los ávidos,
los hambrientos de sol y de caricias,
 los débiles de alma que amasan 
certezas en los hombros desnudos
de los pájaros.  

Mi pecho, saturado de emociones,
dio la última vuelta por el jardín
encantado, y por la vieja esquina
en donde ríen los tontos, los tontos
que no perciben el llanto interno,
la soledad friolenta de los dolores
amontonados en la acera.

Tú, como en mis sueños, persistes
en cantar nuevas quimeras bajo
el reto del ocaso, atesorando
un refugio, un repaso, un acuerdo
de estar presente -todos los días-
como un centinela trajeado de luz
y sombras; en cuerpo y alma
sobre mi altar de luces apagadas
y encendidas.

La despedida se me hizo enorme,
me condenó a vivir en tinieblas
desde ese día, en cautiverio de noche,
lejos del sendero aún tibio, apenado,
deshecho, inconsolablemente
paralizado, frío de no caminar
a tu lado, junto a ti, cerca de ti,
aquí…contigo, mi bien amado.


© Derecho de Autor María del Mar - 2009




YA NO SABRÍA

Ya no sabría jamás

cómo decir o escribir

las palabras mágicas:

“te amo” “te quiero”;

las únicas palabras

que no me deshojan

los huesos de olvido.

Dejé de nombrarlas,

cuidé de no llamarlas

por su propio nombre,

me negué articular

el más mínimo sonido

cuando el sol intentaba

despuntar sobre

mi hombro… –creo

he anulado su sentido

en la pequeñez tardía

y el dolor–.



© Derechos Reservados/USA
Prohibida la Reproducción total o parcial,
por cualquier medio, sin la autorización de la autora.

ISBN 1-933439-04-4

4/10/2011

Despertar a la vida



Despertar a la vida

Despertar es tomar consciencia
de uno mismo, es ser presencia
en donde haya ausencia de luz,
de posibilidades para ser
abordadas en la plenitud del alba.

Es despertar para vivir y recordar,
que la vida la cima de todo amado,
lo esperado y querido; es la cúspide
que renueva el cantar de hoy
y de todos los tiempos; la víspera
del silencio agrio que no se habrá
de escuchar nunca.

Mas hay que despertar ahora
mismo del pertinaz concierto
de voces frías, estranguladas
en el desierto de nuestras
dificultades y renuncias: voces
falsas y engreídas indiferentes
al temblor del hombre y la mujer
que vive del sueño honrado.

Despertar es esquivar los miedos
que han desequilibrado el conforte
de nuestras propias iniciativas
y reclamos, para cambiar lo dicho
y no asentir a lo que se habrá
de decir.

**Nota de la Autora**
Continuo el tema del despertar, pues he recibido muchos mensajes y creo que a ustedes le debo la sabiduría que llevo conmigo y que no se puede quedar dentro del alma. Despierten, pues, y vivan, vivan siempre en la presencia de Dios, de ustedes mismos, siempre teniendo en cuenta el caudal de vida que llevan dentro. Gracias por todos sus mensajes y que siempre permanezcan a la altura de sus normas y conforme a su propia posibilidad de ser libres y abiertos al don de la vida. Saludos por igual a todos mis amigos.


María del Mar, desde Cuba

Es preciso despertar


Un pensamiento

Es preciso despertar del sueño profundo en que hemos estado viviendo. Es importante despertar para tener un mañana feliz y lleno de luz, para abrir los ojos a un nuevo día que vendrá inundado de bien y de esperanza; para vivir con gratitud por el simple hecho de respirar, sentir y disfrutar de todo a nuestro alrededor.

Pero hay que despertar ahora mismo: sin miedos, sin pavor al pasado o aprensión al futuro. Hay que abrir los ojos para enterarnos de que existe el día cubriendo parte del universo con su manto de luz y de tinieblas en perfecta armonía girando en torno nuestro.

Despertar del sueño eterno de la fantasía arraigada en nuestra propia historia, es despertar al presente lleno de alicientes y planes por realizar. Despertar es olvidar nuestro rostro entristecido, sumido en un desvelo inquietante. Porque, al estar dormidos en la plenitud del tiempo, se desvió el cauce vertiginoso del río que huyó temeroso de nuestra propia sombra.

Pero hay que despertar ahora mismo de ese sueño escaso de ilusiones y planes no forjados por lo que nos ha tocado vivir. Hay que avivarse después del somnífero que ensombreció nuestros proyectos anidados desde siempre en la profundidad del alma; hay que despertar para no idealizar tan sólo en sueños, lo que no se hizo realidad después de una noche en vela: tiempo contemplativo y largo que se convirtió en prisionero de la oscuridad y fugitivo del día.

Mas hay que despertar de ese sueño eterno, rebelde, entrometido e incomprensible que desequilibra el candor y la virtud de la esperanza. Hay que despertar ahora mismo de la insensibilidad que acosa la impenetrable selva de nuestras inseguridades y egoísmos… —pero hay que despertar ahora antes que sea demasiado tarde—.

© Derecho de Autor María del Mar - 2009

4/09/2011

La verdadera felicidad



La felicidad
La verdadera
felicidad es estar
satisfecho
en lo poco,
con lo justo
para subsistir
dentro
de lo mucho
que existe
en el alma.
La importancia
de mantener
el alma intacta
de los vientos
que la golpean
y la sacuden,
viene de ti,
de tu capacidad
de protegerla
y halagarla.
Porque,
no contamos
con los demás
para ser felices,
sino que velamos
la intimidad ,
la gracia y el don
de uno mismo
para medir
el gozo
y el placer
de sentir
que existe
la vida
para salvarnos.

La vida, la vida
algunas veces
suele ser
incompleta,
no hay suficiente
claridad
para vivirla;
demasiado
estricta
para apreciarla;
limitada
en su propia
amplitud
y estrechez
de ser
persistentes
sus dolores
y desengaños.

La dicha
personal radica
del ser que vive
dentro
de un corazón
ilusionado,
majestuoso,
límpido y simple;
dichoso de desear
ser libre
de espíritu
hasta la muerte
o la eternidad.

Enciende la vela
de la bonanza
de la virtud del alma,
eres tú quien
la prende todos
los días y de algún
modo cuídala,
vigílala,
defiéndela,
presérvala...


© Derecho de Autor María del Mar - 2009/2010

4/03/2011

A pesar de todo...

http://www.youtube.com/watch?v=CgchzIgyR2g


Pintura de Jesús González
Mi alma despierta
con los rayos del sol,
renaciendo feliz
con el canto del gallo.
La lozanía del campo
rescata su esplendor,
sanando mi corazón
apegado al valle.

¿Qué puedo hacer
sino halagar la gracia
de los sembrados
y el suelo divisar
con gusto y agrado?:
tierra que domina
mi vida con la sed
del desmemoriado
que olvida la tiranía
del hombre?

Cuando absorbo
la esencia del verdor
que sale del huerto,
no hago más que ver
el sabor, la similitud
al paraíso, el retrato
de Dios sonriéndome
desde la virtud
que captan mis ojos.
Deseo destacar
el brillo, el tomeguín
que canta indiferente
al grito clemente
que sale del corazón
del cubano.

¡Mira, mira! dentro
del surco, del bohío,
del río seco de pasmo;
dentro de la mirada
que habita triste,
estresada de espanto
sobre la tierra
que de luto agoniza
a pesar de todo…

© Derecho de Autor María del Mar - 2009

4/02/2011

Clamor de la tarde


(1)
No sé más de ti,
ni nadie revela
tu desmayo,
¿ha caído tu luz
o es que nunca
tuviste fuego,
ni voz ni pecho
para vivir
en el propio
fulgor del día
o en el clamor
de la tarde?

(2)
Qué imprevisto tu olvido,
qué sordez tan horripilante
tu falta de cortesía;
qué temblor me sentencia
un simple olvido o un adiós
imperceptible, o distraído
delante del sol que quema
o desaparece…

(3)
Ya no detengo las horas
que me alzan como el humo
que me baña o en la reseques
que me enfría y me recuerda
el tiempo que me atormenta
sobre los hombros.

(4)
Es que sucede qué extraño
tu último abrazo
y el gran saludo del día;
el supremo piropo del año
que no escucho dentro
del respiro que no siento
palpitar dentro de mi alma.

(5)
No he sabido más ti, amor,
¿qué ha sucedido dentro
del mar en que caminaste
un día? o ¿sobre las olas
y los peces me olvidaste?

© Derecho de Autor: María del Mar - 2010

3/28/2011

Esperanza


Esperanza
La esperanza se puede observar desde un triangulo mágico, constituido por una fuerza interna que pulsa, contrae y vive; la que no se amedrenta por nada. Esa fuerza interna, que brilla como el sol del mediodía, es el corazón del hombre; la maquinaria excelsa que dicta la última palabra.

Siempre habrá en la vida un momento de angustia, un instante de apasionamiento, un minuto de llanto o un  segundo de desesperación y miles y miles de intervalos dudosos, al igual que soplos de alegría...
Sin embargo, cuando la persona hace un alto a la angustia, al apasionamiento, a la desesperación y a las dudas, surge, desde lo profundo del ser, lo que llamamos “esperanza” : —fe, creencia, certidumbre, convicción, anhelo—: todo en uno.

© Derecho de Autor María del Mar - 2009